viernes, 7 de marzo de 2008

DIOS se escribe con J.T.


Ni siquiera el mas hermoso de los ruidos; la música, tuvo sitio en esos escasos veinte minutos. La Banda lo intentó, como es su obligación cuando en el ruedo pasa “algo”, pero era otra la melodía que queríamos escuchar quienes tuvimos la suerte de estar allí, otro muy diferente el Pasodoble.
Tabaco y oro, galope de pezuñas, el silbo de franela cortando el aire, el resollar del toro. Se calzó las manoletinas con el firme propósito de atornillarlas al albero, y lo hizo.

Luego llegó el prodigio, ese que quienes no han sentido no pueden comprender.
¿Entender de toros, dices?... ¡De toros no entienden ni las vacas! Pero que alguien, cualquier escribidor de esos que aseguran saber del tema, me cuente a mí -si puede- por qué la tarde del 28, jueves para mas señas de Febrero, más de diez mil personas se callaron de golpe para oír el toreo. Que alguien me cuente a mí por qué ni siquiera los pájaros osaron decir ni pío en esos escasos veinte minutos. Que me lo expliquen.
La razón del milagro, mire usted, se llama José Tomas.

Punto y aparte.

2 comentarios:

Marian dijo...

muy extrañ se me hacia que no escribiera usted acerca de J.T.

martirio dijo...

http://es.youtube.com/watch?v=QHkyZcNSa4I